Es un incansable zapato



21/Nov/2009
Es un incansable zapato, de un perodista, que se repite diariamente en el mundo. Es un zapato duro, y un lanzador que no atina a darle, lo cual le da más seguridad que una próxima vez se pueda impactarlo en el centro del Home Plate, o en el Home face ..Hay lanzadores de grandes ligas que ya están praticando con zapatos sus nuevos lanzamientos. Esto conllevará un nuevo invento de los profesionaldes de este deporte tan importante hoy en día.

Una nueva moda podrá imponerese y es la inventar zapatos en forma de pelotas, para aquellos periodistas que las tengan bien puestas. 

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Dos marchas en Managua

Dos marchas en Managua

Artículo publicado el 21/11/2009 Ultima reactualización 21/11/2009  12:03 TU
El presidente nicaragüense, Daniel Ortega.Foto: AFP
El presidente nicaragüense, Daniel Ortega.
Foto: AFP
Miles de personas manifestarán este sábado en Managua contra la política económica y la posible reelección del presidente Daniel Ortega. Los sandinistas, también saldrán a las calles para apoyar al gobierno. Se temen enfrentamientos entre ambos bandos.

Por lo menos 20 agrupaciones de la sociedad civil convocaron a esta manifestación. La marcha se inició en varias provincias y llegará hoy hasta la sede del Consejo Supremo Electoral de Managua para rechazar la posible reelección del presidente Daniel Ortega en los comicios de 2011.
En octubre, los magistrados sandinistas declararon inaplicable el artículo 147 de la Constitución que prohíbe la reelección continua de un presidente y limita a dos el número máximo de mandatos. La gente protestará por esto y también por la política económica implementada por el gobierno.
El relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, constató en octubre que los niveles de desnutrición en Nicaragua "se acercan a los de Haití y Guatemala”. Uno de cada cinco niños nicaragüenses padece desnutrición, especialmente en los hogares más pobres y en la región central  de Nicaragua, según la ONU.
La empresa privada, que también participa en la manifestación, pidió al presidente a garantizar el derecho constitucional a la libertad de expresión. Exhortación necesaria pues otro desfile  tendrá también lugar en las calles capitalinas.
La policía nacional autorizó (hace unos días) la manifestación del Frente Nacional de Trabajadores (FNT), vinculado al gubernamental Frente Sandinista de Liberación Nacional. Marcha en apoyo total a la política gubernamental. Se temen enfrentamientos entre ambos bandos

http://www.rfi.fr/actues/articles/119/article_13628.asp

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Yo soy el pueblo, la chusma, la multitud, la masa.





13/11/2009


Por Carl Sandburg (*)


Yo soy el pueblo, la chusma, la multitud, la masa.

¿Saben que todas las grandes obras que existen en el mundo las he hecho yo?

Soy el obrero, el inventor, el que fabrica los alimentos y los vestidos del mundo.

Soy el público de la Historia. Los Napoleones y los Lincolns

han salido de mí. Ellos mueren, y entonces yo mando a buscar

más Napoleones y Lincolns.

Soy la semilla de la tierra. Soy una pradera que soportara

muchas labranzas. Terribles tempestades pasan sobre mí. Yo olvido. Lo mejor

de mí es chupado y consumido. Yo olvido.

A veces gruño, sacudo mi cuerpo y esparzo algunas gotas rojas

para que la historia recuerde. Luego me olvido.

Cuando yo, el Pueblo, aprenda a recordar; cuando yo, el Pueblo,

aproveche las lecciones de ayer y no me olvide de quien me robó en el pasado

o me tomó por tonto... no habrá entonces en el mundo ningún orador que

diga: "El Pueblo" con un acento de burla en la voz o sonriendo

despreciativamente.

La chusma, la multitud, la masa... entonces llegará.


(***) Carl Sandburg, es uno de los poetas norteamericanos más vigorosos de todos los tiempos. Hijo de inmigrantes suecos, antes de ir a la escuela a los 20 años, cumplió los más variados oficios: mozo de cuerda, ayudante de peluquero, aprendiz de alfarero y obrero en industria, La fama universal de Sandburg arranca de sus "Chicago Poems" de 1914 que al aliento mesiánico de Walt Whitman, añaden un amor por las grandes masas ciudadanas que Sandburg conocía tan bien. A partir de ese momento hasta su muerte, en años recientes, se convirtió en un Juglar de la ciudad moderna, recitaba sus poemas en calles y plazas, en auditorios obreros y en los barrios pobres.
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El muro de Berlín












 9/11/2009

“La derecha internacional invirtió capital político y financiero para destruir el bloque socialista y posteriormente la Unión Soviética. En el marco de este proceso de ‘derechización’ , el muro de Berlín cayó”
“Este evento simboliza la llegada y el fortalecimiento de la derecha internacional al bloque socialista. Todo se dio con la complicidad de los neoliberales rusos liderados por el fallecido Boris Yeltsin (ex Presidente ruso)”
“El fin de la bipolaridad condujo a la expansión de Norteamérica con sus intervenciones militares”
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Del heroísmo a la heroína



Del heroísmo a la heroína



 08/11/2009 
PAG 12



Por Juan Gelman



Es notorio que las tropas estadounidenses que combatieron en Vietnam no les hacían asco a las drogas. Menos ahora en Afganistán. Es la primera vez que ocupan un país productor de opio, padre de la heroína, y de ella se sirven para uso personal y no solamente: el paquetito que se puede comprar por 30 dólares a pocos pasos de la base aérea norteamericana de Bagram, al norte del país, rinde centenares de dólares en las calles de Nueva York. Lo comprobó el periodista independiente Shaun McCanna cuando filmaba un documental in situ (www.salon.com, 7-8-09). Después de todo, Afganistán es el origen del 93 por ciento de la heroína que se produce en el mundo. Era: tanta producción abarató el artículo y los campesinos afganos han reducido algo su cultivo.
No siempre fue así. A mediados de los ’70 no había adormideras opiáceas en Afganistán ni en Pakistán. Todo cambió con la invasión soviética en 1979: el entonces presidente Jimmy Carter dio luz verde a la operación encubierta de la CIA destinada a financiar y armar a la resistencia afgana. En las zonas que iban liberando, los mujaidines ordenaban a los campesinos que cultivaran opio para pagar el “impuesto revolucionario” y se instalaron laboratorios de elaboración de heroína en la frontera afgano-paquistaní protegidos por la CIA y el servicio de espionaje de Pakistán. Resultado: el fiscal general estadounidense William French Smith declaraba en 1981, apenas dos años después, que de allí provenía el 60 por ciento de la heroína que se consumía en EE.UU. (sonic.net, agosto-septiembre de 1997). Qué rapidez. No comparable, sin embargo, a la que se observa desde la ocupación de Afganistán.
El gobierno talibán, curiosamente, había reducido en un 90 por ciento el área cultivada con la adormidera. Desde el 2001, año de la invasión, las tierras sembradas se multiplicaron por 15: pasaron de 8000 hectáreas a 123.000 en el 2009 (Afganistán Opium Survey 2009, Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, septiembre 2009). Los ingresos generados por el tráfico de la droga afgana son considerables. “El comercio de los opiáceos afganos proporciona una gran parte de los ingresos a escala mundial de los narcóticos, cuyo monto estimado por las Naciones Unidas es de 400 a 500 mil millones de dólares anuales”, señaló el especialista Miguel Chossudovsky (www.globalresearch .ca, 12-7-04). Hoy, tal vez más. Son de imaginar los intereses comerciales y financieros, legales e ilegales, que manejan este botín.
Chossudovsky señala que, si se toma en cuenta que el narcotráfico ocupa el tercer lugar, después del petróleo y de la venta de armas, en cuanto a las ganancias que arroja la comercializació n de productos a nivel mundial, los poderosos grupos de negocios aliados al crimen organizado compiten por el control estratégico de las rutas de la heroína, no menos importantes que las petroleras y las armamentistas. ¿Habrá sido éste otro incentivo que alimentó la invasión y ocupación de Afganistán? Los talibán se están tomando la revancha: venden heroína barata a las tropas estadounidenses, desgastadas por las misiones de combate y, sin embargo, con bastantes horas libres por día en las que hay que entretenerse. ¿Con heroína? Por qué no.
McCanna compró heroína una docena de veces con absoluta libertad mientras realizaba su documental sobre la muerte en circunstancias sospechosas del soldado John Torres, que había escrito a su familia acerca de los problemas de drogadicción en la base aérea de Bagram. Aunque un portavoz de la base, el mayor de ejército Chris Belcher, había emitido un comunicado en el que indicaba que “son escasos los informes sobre el uso de drogas o de alcohol (entre los efectivos norteamericanos) que recibe la policía militar”, McCanna no pudo hablar con tres veteranos que recibían tratamiento por drogadicción, como se le había prometido. Los únicos datos oficiales del Departamento de asuntos relativos a los veteranos mostraban que no existían –o eran pocos– los casos de consumo de heroína por las tropas estadounidenses en Afganistán. Quién sabe.



El general de cuatro estrellas (R) Barry McCaffrey, zar de las drogas bajo la férula de Bill Clinton, confesó no hace mucho que el uso de drogas entre las filas de ocupantes norteamericanos se había duplicado en los últimos cuatro años. Si se aumentara el número de efectivos trasladados de Irak a Afganistán, agregó, muchos más “meterían la nariz (en la heroína) y les va a gustar” (www.thedailybeast. com, 4-11-09). Si Obama decide finalmente destinar 40.000 militares más a una guerra que ya dura ocho años, los estará exponiendo a la muerte por droga o plomo. Pero se sabe que a la Casa Blanca poco le importa ese detalle, empeñada, como está, en “la lucha por la libertad y la democracia” en todo el mundo.

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El imperio del mal

08/11/2009

El imperio del mal República de idiotas 


Paul Craig Roberts

El gobierno de EE.UU. está ahora tan absolutamente dominado por grupos de intereses organizados que ya no puede responder a las preocupaciones del pueblo estadounidense que elige al presidente y a los miembros de la Cámara y del Senado. Los votantes descargarán sus frustraciones por su impotencia sobre el presidente, lo que implica un futuro de presidentes de un solo período. Pronto nuestros presidentes serán tan inefectivos como los emperadores romanos en los últimos días de ese imperio. Obama ya va camino a una presidencia de un solo período. Prometió el cambio, pero no ha hecho ninguno. Su ley de atención sanitaria es rehén de compañías de seguros privadas que buscan más beneficios. El resultado más probable serán recortes en Medicare y Medicaid a fin de ayudar a financiar las guerras que enriquecen al complejo militar y de seguridad y a las numerosas compañías creadas mediante la privatización de servicios que los militares solían proveer por sí mismos a costes mucho más bajos. Sería interesante saber el porcentaje de los más de 700.000 millones de dólares en gastos de “defensa” que va a compañías privadas. En el “capitalismo” estadounidense, una cantidad sorprendente de ingresos de los contribuyentes van a firmas privadas a través del gobierno. Sin embargo, los republicanos chillan sobre la “socialización” de la atención sanitaria. Republicanos y demócratas vieron oportunidades de crear nuevas fuentes de donaciones electorales privatizando la mayor cantidad posible de funciones militares. Ahora existe una gran cantidad de compañías privadas que nunca ganaron un dólar en el mercado y que sin embargo se alimentan en el abrevadero público que quita dólares a los contribuyentes mientras carga a los estadounidenses con obligaciones de servicio de la deuda. Obama heredó una excelente oportunidad para devolver a casa a los soldados de EE.UU. de las guerras ilegales de agresión del régimen de Bush. En sus últimos días, el régimen de Bush se dio cuenta de que podía “ganar” en Iraq colocando a los insurgentes suníes en la nómina militar de EE.UU. Una vez que Bush tuvo a 80.000 insurgentes cobrando la paga militar de EE.UU., la violencia, aunque seguía siendo elevada, disminuyó a la mitad. Todo lo que Obama tenía que hacer era cantar victoria y traer a casa a nuestros muchachos, agradeciendo a Bush por ganar la guerra. Habría hecho callar a los republicanos. Pero ese camino sensato había afectado a los beneficios y a los precios de las acciones de las firmas que componen el complejo militar/seguridad. De modo que en lugar de cumplir lo prometido, para lo que fue elegido por los votantes, Obama reinició la guerra en Afganistán y lanzó una nueva en Pakistán. Pronto Obama se hizo eco de las amenazas de ataque a Irán de Bush y Cheney. En lugar de atención sanitaria para los estadounidenses, habrá más utilidades de las compañías privadas de seguro. En lugar de paz habrá más guerra. Los votantes ya empiezan a ver lo que vendrá y se están apartando de Obama y de los demócratas. Los independientes que dieron a Obama su confortable victoria se han vuelto en su contra y acaban de elegir gobernadores republicanos en Nueva Jersey y Virginia para reemplazar a los demócratas. Es un voto de protesta, no un voto de confianza en los republicanos. La credibilidad de Obama se acabó. Y también la del Congreso, suponiendo que alguna vez la haya tenido. La Cámara de Representantes de EE.UU. acaba de votar para mostrar a todo el mundo que la Cámara de Representantes de EE.UU. no es otra cosa que el títere servil y venal del lobby de Israel. La Cámara de Representantes de la “superpotencia” estadounidense hizo lo que quería su amo, AIPAC, y votó 344 contra 36 para condenar el Informe Goldstone. Por si no lo sabéis, el Informe Goldstone es el informe de la Misión Investigadora de Naciones Unidas sobre el Conflicto de Gaza. El “Conflicto de Gaza” es el ataque militar israelí contra el gueto de Gaza, donde residen 1,5 millones de palestinos desposeídos, cuyas tierras, aldeas y casas fueron robadas por Israel. El ataque fue contra civiles y contra la infraestructura civil. Fue sin lugar a dudas un crimen de guerra según el estándar de Nuremberg que EE.UU. estableció para ejecutar nazis. Goldstone no sólo es un jurista judío muy distinguido que ha dedicado su vida a hacer rendir cuentas a gente por sus crímenes contra la humanidad, sino también sionista. Sin embargo, los israelíes lo han satanizado como “judío que se odia a sí mismo” porque escribió la verdad en lugar de propaganda israelí. El representante estadounidense Dennis Kucinich, quien es ahora sin duda un hombre marcado en la lista de exterminación política de AIPAC, preguntó a la Cámara si sus miembros se daban cuenta de la vergüenza que la votación de condena de Goldstone significaría para la Cámara y el gobierno de EE.UU. El resto del mundo acepta el informe Goldstone. La Cámara respondió con su desequilibrado voto que el resto del mundo no cuenta ya que no hace donaciones electorales a los miembros del Congreso. Este vergonzoso acto servil de la “mayor democracia del mundo” ocurrió la misma semana en la que un tribunal en Italia condenó a 23 agentes de la CIA de EE.UU. por secuestrar a una persona en Italia. Los agentes de la CIA son ahora considerados “fugitivos de la justicia” en Italia, y por cierto lo son. La persona secuestrada fue entregada a Egipto, Estado títere de EE.UU., donde fue retenida durante años y repetidamente torturada. El caso en su contra era tan absurdo que incluso un juez egipcio ordenó su liberación. Una de las agentes condenadas de la CIA, Sabrina deSousa, una atractiva joven, dice que EE.UU. violó la ley al secuestrar a una persona y enviarla a otro país para ser torturada para fabricar otro “terrorista” a fin de mantener activa la patraña terrorista en casa. Sin ella, las guerras de EE.UU. por motivos de intereses especiales serían transparentes hasta para los fanáticos de Fox “News”. La señora deSousa dice que “todo lo que hice fue aprobado en Washington,” sin embargo el gobierno, que continuamente nos recrimina para que “apoyemos a los soldados,” no hizo nada para protegerla cuando ejecutó las órdenes ilegales del régimen de Bush. Evidentemente, esto significa que el crimen ordenado por Bush, Cheney, el Pentágono y la CIA era demasiado monstruoso e inaceptable como para justificarlo, incluso mediante memorandos del despreciable John Hoo y la Sociedad Federalista Republicana. Es obvio que la señora deSousa está preocupada por su persona. Pero, ¿dónde quedó su preocupación por la persona inocente a la que envió al infierno egipcio para que la torturasen hasta la muerte o admitiera que era terrorista? El remordimiento que expresa deSousa sólo se refiere a su persona. Hizo lo que le pedía su malvado gobierno y ese malvado gobierno, al que sirvió tan fielmente, le dio la espalda. No siente remordimiento por el mal que infligió a una persona inocente. Tal vez deSousa y sus 22 colegas crecieron con videojuegos. Era tan divertido conspirar para secuestrar a una persona real y llevarla volando en un avión de la CIA a Egipto. ¿Fue como un pescador atrapando un pez o un cazador de venados matando un hermoso ejemplar? Evidentemente, lo pasaron bien a costa de su víctima ‘entregada’. El dictamen del tribunal italiano, y tened en cuenta que Italia es un Estado títere comprado y pagado por EE.UU., indica que incluso nuestros títeres comprados descubren que EE.UU. va más allá de lo tolerable. Bajando de la punta del iceberg, tenemos al embajador Craig Murray, rector de la Universidad de Dundee y hasta 2004 embajador del Reino Unido en Uzbekistán, que describe como Estado totalitario estalinista cortejado y apoyado por los estadounidenses. Como embajador, Murray vio los informes de inteligencia de la CIA del MI5 que describían los más horribles procedimientos de tortura. “La gente era violada con botellas quebradas, torturaban a los niños delante de sus padres hasta que ellos [los padres] firmaban una confesión, hevían a personas vivas”. La “inteligencia” de esas sesiones de tortura era pasada por la CIA al MI5 y a Washington como prueba de la vasta conspiración de al Qaeda. El embajador Murray informa de que a los entregados por vuelos de la CIA a las prisiones de tortura de Uzbekistán “les decían que confesaran que eran miembros al Qaeda. Que confesaran que habían estado en campos de entrenamiento en Afganistán. Que confesaran que habían visto a Osama bin Laden en persona. Y la inteligencia de la CIA se hacía constantemente eco de esos temas.” “Me quedé completamente conmocionado,” dice el embajador británico, que pensaba que servía a un país ético que, junto con su aliado estadounidense, tenía integridad moral. El gran bastión anglo-estadounidens e de la democracia y los derechos humanos, las fuentes de la Carta Magna y de la Declaración de Derechos, las grandes democracias morales que derrotaron al nazismo y enfrentaron los gulag de Stalin, estaban dispuestas a cometer cualquier crimen con tal de maximizar los beneficios. El embajador se enteró de demasiado y fue despedido cuando lo vomitó todo. Vio los documentos que demostraban que la motivación para la agresión militar de EE.UU. y el Reino Unido en Afganistán tenía que ver con los depósitos de gas natural en Uzbekistán y Turkmenistán. Los estadounidenses querían un gasoducto que evitara Rusia e Irán y pasara por Afganistán. Pare conseguirlo se necesitaba una invasión. Al público idiota de EE.UU. se le podía decir que la invasión era necesaria por el 11-S y para salvarlo del “terrorismo” y los tontos redomados se tragarían la mentira. “Si se considera el despliegue de las fuerzas de EE.UU. en Afganistán, en comparación con otras fuerzas de países de la OTAN en ese país, se verá que indudablemente las fuerzas de EE.UU. están posicionadas para proteger la ruta del gasoducto. De eso se trata. Tiene que ver con dinero, tiene que ver con energía, no tiene que ver con democracia.” Adivinad quién fue el consultor que organizó con el entonces gobernador de Texas George W. Bush los acuerdos que darían a Enron los derechos de los yacimientos de gas natural de Uzbekistán y Turkmenistán y a Unocal, el desarrollo del gasoducto trans-Afganistá n. Fue Karzai, el “presidente” impuesto por EE.UU., quien no cuenta con apoyo dentro del país aparte de las bayonetas estadounidenses. El embajador Murray fue despedido del Foreign Service británico por sus revelaciones. Sin duda por orden de Washington a nuestro títere británico.

http://www.counterpunch.org/roberts11062009.html%3CBR%3E
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PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA DE HONDURAS . COMUNICADO


06/10/2009




 

PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA DE HONDURAS

 

COMUNICADO


DEROGADO EL DECRETO ILEGAL MEDIANTE EL CUAL LA DICTADURA DE ROBERTO MICHELLETI SUPRIMIO LOS DERECHOS DEL PUEBLO, EL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL, JOSE MANUEL ZELAYA ROSALES, SE MANIFIESTA DE LA SIGUIENTE MANERA:

1.    Exige a la dictadura:

·         LIBERTAD INMEDIATA PARA LOS PRESOS POLITICOS INCLUYENDO LOS  CAMPESINOS DETENIDOS QUE COSTODIABAN SUS EXPEDIENTES EN EL INA.
·         CESE INMEDIATO A LA REPRESION DEL PUEBLO QUE RESISTE, Y
·         APERTURA INMEDIATA DE RADIO GLOBO Y CANAL 36, restituyendo las frecuencias y los equipos decomisados.

Ya que al amparo del ilegal decreto tuvieron lugar estas acciones violatorias de los derechos y libertades del pueblo y medios de comunicación en resistencia que se pronuncian a favor del retorno al orden constitucional.

2.    Reafirma que Roberto Micheletti continúa burlándose del pueblo hondureño, al manifestar que deroga plenamente el ilegal decreto, después del daño ocasionado a los derechos y libertades individuales.

3.    Exhorta a los cancilleres que llegarán a nuestro país, en las próximas horas, a que estén alertas para NO caer en las maniobras del régimen golpista poniendo en entredicho la alta dignidad de los pueblos que representan.

4.    Advierte que la obstinación de NO entregar el poder al legítimo Presidente, profundiza cada día la crisis y pone en peligro inminente el proceso electoral.

5.    Reafirma la vigencia y respeto de los principios que han motivado la lucha y llama al pueblo hondureño que continué en resistencia hasta derrotar el régimen de facto.

GOBIERNO DEL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE HONDURAS
JOSE MANUEL ZELAYA ROSALES

Tegucigalpa 6 de octubre 2009

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Movimientos armados en Latinoamérica: ¿volverán?


05/10/2009


Movimientos armados en Latinoamérica: ¿volverán?

Marcelo Colussi
Colaboracion:

¿Qué pasó con las guerrillas?

            Desde hace algún tiempo suele decirse que los movimientos armados en Latinoamérica, las legendarias guerrillas de corte socialista, han desaparecido, y además que ya no son una opción política válida. De ambas aseveraciones puede decirse que son relativas. Es decir: hay que ver quién dice eso, y en qué contexto.
Sin ningún lugar a dudas vemos que muchos, o quizá la mayoría de movimientos político-militares nacidos hacia los años 60 y 70 del pasado siglo desaparecieron, fueron derrotados en el plano bélico. Esa es una verdad inobjetable. La política contrainsurgente impulsada por Washington en el marco de la Guerra Fría, que dio como resultado la Doctrina de Seguridad Nacional en que se formaron las fuerzas armadas de la región, fue el factor clave para contener el ascenso de las luchas populares y los movimientos armados que se expandían por aquel entonces. Sería miope no ver que de casi todas esas guerrillas -muy bien organizadas en su momento, con fuerte impacto popular en muchos casos- hoy día no queda nada, o queda muy poco. O peor aún: lo que queda es un espíritu de derrota y un profundo miedo incorporado en el imaginario colectivo. ¿Cuántas de ella hoy ejercen el poder político en sus países? ¿Cuántas quedaron totalmente desintegradas?
En general, todos los movimientos armados que se alzaron para aquella época sufrieron terribles golpes merced a las guerras sucias que barrieron el continente, con tácticas que no repararon en nada. La desaparición forzada de personas, las torturas, los ataques indiscriminados contra población civil que jugaba el papel de su base social, el clima de militarizació n de toda las sociedades, la sistemática violación de derechos humanos básicos como parte de las campañas intimidatorias, todo eso fueron elementos de la maquinaria contrainsurgente con que se les derrotó en el plano militar. Pero lo importante a destacar es que ello no sólo significó una derrota bélica: fue, básicamente, una derrota para toda la población civil. Luego de ese tiempo de combate contra el “enemigo interno”, cuando el fantasma del “comunismo apátrida y ateo” fue el blanco de todas las fuerzas armadas de prácticamente todos los países latinoamericanos, lo que quedó fue una desmovilizació n mayúscula, terror instalado en todas las poblaciones, desánimo.
Sobre esa derrota -que es la derrota de las guerrillas, pero más aún lo es de los procesos organizativos de los pueblos- se erigieron las políticas de ajuste estructural que hicieron retroceder a todas las sociedades en varios años. En el medio de la euforia triunfalista del gran capital, reforzada por la caída del bloque soviético, se cerraron prácticamente todos los espacios de disidencia política. La idea de protesta armada quedó sepultada en el olvido. Los movimientos guerrilleros que lograron sobrevivir la debacle de las políticas neoliberales no tuvieron mucho más espacio político que negociar salidas decorosas (con mucho de rendiciones encubiertas, porque no había condiciones para seguir la lucha). Así, con suertes distintas, se transformaron en fuerzas políticas en el marco de las democracias constitucionales vigentes.
Retomando la afirmación con que se abría el artículo, podemos decir que es cierto en relativa medida que los movimientos armados desaparecieron, pero no lo es totalmente. En Colombia continúan vigente, y de hecho, de los dos grupos que operan, uno de ellos es el más viejo del continente, con ya más de 50 años de existencia y un poderío que no parece poder ser derrotado en lo inmediato (según estimaciones de estrategas tanto colombianos como estadounidenses, así se replegaran totalmente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia demorarían unos 20 años en ser vencidas en el plano militar). Por otro lado en Chiapas, en el sur de México, el movimiento zapatista (movimiento guerrillero bastante sui generis, por cierto, que no usa las armas, pero guerrilla al fin) sigue vivo y sin miras de ser derrotado en lo inmediato. Es decir: si bien en términos generales estas expresiones han sufrido derrotas contundentes en lo militar o se han “reciclado” pasando a formar parte del juego político vigente (con saco y corbata, y todo lo que eso significa), no puede decirse que hayan desaparecido en su totalidad: en algunos lugares siguen operativas y los planes geoestratégicos de Estados Unidos para todo su patio trasero las contempla como un factor importante del panorama político-social.
Pero lo más importante de la afirmación citada va en relación a si, hoy por hoy, son o no una forma política válida.

¿Opción política?

            Habría que contextualizar la pregunta: ¿opción “válida” para quién? ¿En qué sentido? Para las derechas, obviamente que no lo son. Son subversivas, y punto. Es decir: son la más radical expresión de opción de cambio, mucho más que cualquier partido político de izquierda (los de saco y corbata), o que un movimiento popular incluso, visto que se ayudan con el poder de las armas. Ahora bien: para el campo popular, para quienes pueden pensar y anhelar genuinamente procesos de transformació n, ¿constituyen hoy los movimientos armados una salida?
Después de las experiencias de terribles represiones vividas las décadas pasadas en Latinoamérica, y luego de la fenomenal marea mediática que une “izquierda” con “violencia” -ahí está el caso Chávez como patética expresión de esta matriz que ya se ha impuesto: el “autoritario castro-comunista que, mostrando los dientes, exporta su revolución y su socialismo del siglo XXI por otros países del área trayendo la confrontación”-; después de los fantasmas de una Guerra Fría que nunca se han extinguido -el “comunismo” sigue siendo malo y violento por antonomasia, “expropia televisores o artículos de cocina y roba niños para dárselos al Estado”-, después, incluso, del fracaso de proyectos de izquierda que se centraron en la acción armada (desde la columna guerrillera del Che en Bolivia hasta las guerrillas urbanas de Uruguay y Argentina, desde los movimientos guerrilleros de Venezuela de la década del 60 hasta el desaparecido Sendero Luminoso en Perú, etc., etc.), en todos los casos desarticulados y exhibidos como “fanáticos violentos” que sólo trajeron desgracia a los pueblos donde operaban; después de todo este historial no muy glorioso precisamente, queda la pregunta: ¿son realmente una opción válida para plantearse cambios revolucionarios?
En estos momentos, inicios del siglo XXI, el poder de la derecha política, de los grandes capitales, de la industria cultural que maneja planetariamente las cabezas de buena parte de -por no decir toda- la humanidad, es grande, muy grande, desmedidamente grande. Su poder asienta, entre otras cosas, en el miedo que ha creado, y en la sensación de casi invencibilidad con que se presenta. Los movimientos armados sobrevivientes pudieron comprobar fehacientemente este poder con el operativo que terminara en marzo del 2008 con el segundo comandante de las FARC, Raúl Reyes, en una incursión asistida con la más desarrollada tecnología militar que pudo detectarlo de noche en el medio de la selva. Ante ese sofisticado y aparentemente imbatible poderío militar cabe la pregunta práctica, lógica y necesaria, con los pies sobre la tierra, si es posible enfrentarse con visos de realidad a esa fuerza que se muestra tan colosal. Poder de fuego, por cierto, del que dispone la gran potencia del Norte y que se puede traspasar a las fuerzas armadas de cualquier país latinoamericano para controlar estos movimientos subversivos. Si la diferencia militar se muestra tan grande: ¿es legítimo entonces, es racional, es lógico plantearse la lucha armada hoy?
Esta es una pregunta no sólo práctica sino en definitiva -y quizá básicamente-, ética: ¿para qué se organiza un movimiento de lucha armada? ¿Qué se busca con una organización político-militar como cualquiera de las numerosas guerrillas que han surgido en Latinoamérica? (igual que en otras partes del mundo, en África, en Asia). La lucha armada no es un deporte, no se lleva a cabo por el puro placer de disparar tiros, obviamente. Tiene una finalidad política. Es un instrumento, una herramienta, un paso para la consecución de fines superiores: la toma del poder político acompañando procesos populares de construcción de un nuevo modelo de sociedad. Por eso, lo que la motiva es una cuestión profundamente ética, de convicciones, de principios irrenunciables. Aún a riesgo de parecer producto de un soñador desconectado de lo real, valen los versos de Luis Burela: “¿Con qué armas, señor, pelearemos? ¡Con las que les quitaremos! dicen que gritó”. Por todo ello, entonces, no deja de ser necesario aclarar lo que se preguntaba más arriba: después de las experiencias de movimientos armados fracasados, y ante la despolitizació n que sufren las sociedades productos de las represiones sufridas y de los planes neoliberales que sólo dejan espacio para la sobrevivencia a las grandes mayorías, ¿cómo encarar una lucha transformadora? ¿Son realmente válidas las expresiones armadas? Hoy por hoy, ¿pueden triunfar y dar paso a la construcción de experiencias como las de Cuba o Nicaragua, que fueron justamente triunfos de guerrillas acompañadas de pueblos movilizados?
Si vemos la respuesta de la derecha (la de Washington y la de las oligarquías nacionales de los países de América Latina), es que no. Luego de Nicaragua, la última revolución triunfante del siglo XX, en 1979, la represión fue feroz. Los movimientos armados de la región centroamericana, que al igual que los sandinistas podrían haber llegado a tomar el poder político con el fuerte apoyo popular con que contaban, fueron brutalmente reprimidos. El genocidio de Guatemala (200.000 muertos y 45.000 desaparecidos, proporcionalmente comparable al holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial) y las masacres de El Salvador (75.000 muertos) son la elocuencia de cómo se les cerró el camino a esos grupos insurgentes. Luego de feroces procesos de guerra sucia, ambos terminaron deponiendo las armas y concertado salidas negociadas a las guerras internas en que se encontraban. Puestos ya en la arena de la lucha constitucional, siguieron derroteros distintos, pero más allá de las evaluaciones de cómo se movieron cuando pasaron a la legalidad, sus posibilidades de impulsar transformaciones sociales quedaron muy menguadas. En Guatemala pasaron a ser una muy pequeña fuerza política casi sin incidencia parlamentaria, y en El Salvador, si bien ganaron la presidencia a principios del 2009 -con la figura de un extrapartidario, no hay que olvidar-, queda la pregunta de hasta dónde podrán profundizar cambios reales. De hecho, en este orden, el legendario movimiento urbano Tupamaros, de Uruguay, acompañó al actual presidente, Tabaré Vásquez, y ya vemos por dónde anda este gobierno (más de lo mismo, no pasa -o no puede pasar- de las recetas neoliberales) . Entonces: ¿“traición” de los Tupamaros, o constatación de las posibilidades reales de cambio que puede ofrecer la legalidad capitalista?
La pregunta abierta gira básicamente en cómo construir alternativas reales para la transformació n social; los movimientos armados que se creyeron una herramienta para ello algunas décadas atrás, hoy día abren estos interrogantes. ¿Quién está más cerca de la revolución socialista: los colombianos con dos grupos insurgentes muy operativos o, por ejemplo, los chilenos, con varios gobiernos elegidos democráticamente que se vienen sucediendo dentro de los patrones de la legalidad capitalista? ¿O el cambio será gradual, lento y sin traumas, como lo quiere la Revolución Bolivariana de Venezuela, socialismo por decreto? ¿Es posible cambiar algo? ¿Sigue siendo válido el socialismo revolucionario, o hay que declararlo ya finiquitado? ¿Qué significan los recién festejados 60 años de “socialismo” chino, ahora en su versión de socialismo de mercado -y cuarta potencia mundial en lo económico, con poderosos arsenales nucleares-? ¿Sigue teniendo sentido el llamado a “enmontañarse” para luchar por un mundo nuevo?

¿Es posible cambiar algo?

Esto lleva a plantear el papel de las vanguardias revolucionarias -¡menudo tema!-. ¿Para qué existe un movimiento político-militar como todas esas guerrillas que funcionaron en décadas pasadas en Latinoamérica? ¿Son un elemento catalizador de procesos populares? En Cuba y en Nicaragua, en otros contextos, con un campo socialista aún vigente, con otros escenarios políticos a nivel internacional, evidentemente sí sirvieron para disparar procesos de organización popular que resultaron en cambios políticos profundos. Luego de esas experiencias, ninguna guerrilla pudo llegar a tomar el poder. El caso del movimiento zapatista en el sur de México es algo distinto: son un referente, son un laboratorio si se quiere, pero aún no se puede decir que hayan iniciado un proceso de real de construcción de un nuevo modelo de sociedad. A no ser que los municipios liberados donde actúan sea el camino. Otra pregunta para profundizar entonces: ¿socialismo nacional?, ¿socialismo municipal?
Bolivia, Ecuador, Venezuela, sin movimientos de acción armada que hayan facilitado cambios y en el medio de andamiajes legales capitalistas, transitan hoy procesos políticos que quizá pueden ir conduciendo hacia modelos socialistas. ¿Es ese el camino? ¿Qué se necesita para transformar las sociedades: poderosos movimientos de base como en Bolivia y en Ecuador, líderes carismáticos como en Venezuela? Obviamente no hay manual. Décadas atrás se podía ver en las columnas guerrilleras, fusil en mano, un instrumento para eso. Y en ese contexto se podían pedir “varios Vietnam” en el mundo como modo de apurar los procesos de transformació n. Hoy día, viendo con los pies en la tierra que las tecnologías militares de la derecha pueden detectar y aniquilar una persona en todo el globo terráqueo con una precisión digna de película de ciencia ficción (por ejemplo, recordemos la recaptura de la embajada de Japón en Perú en 1996, donde con asistencia satelital y detectores de calor humano se pudo implementar un contragolpe militar demoledor, sólo como para dar una pequeña muestra de ese poderío), viendo eso, y además considerando el grado de desmovilizació n imperante: ¿son una opción válida los movimientos de acción armada?
 Es cierto que después del fabuloso montaje mediático del 11 de septiembre de 2001 con la peliculesca caída de las Torres Gemelas quedó oficializada la sentencia: “Toda resistencia, en cualquier parte del mundo, se haga con un arma o una pluma, denunciando algo o fomentando la organización de la gente, es terrorismo e insurgencia, y como tal será castigado”. ¿Qué queda después de eso? ¿Es válida o no entonces la resistencia del pueblo iraquí? ¿Es válida o no la resistencia armada en los lugares invadidos por la bota imperial? En general, ante esta estrategia de guerras preventivas que impuso la Casa Blanca, ¿es válida o no la resistencia, cualquiera sea?
Tomando esto como matriz de lo que va siendo nuestro mundo, nuestra aldea global, ¿deja de ser válida entonces la resistencia? Es cierto que los iraquíes mueren por cantidades industriales con las tropas estadounidenses dentro de su territorio (ya van más de un millón), pero ¿qué otra alternativa les queda que resistir de esa manera, fusil en mano o con bombas caseras eliminando, cuando pueden, a un pobre soldado norteamericano, en muchos casos negro o latino, tan alejado de Wall Street como cualquier habitante del Sur? Extendiendo esa matriz al mundo, donde las fuerzas del gran capital dominan en forma impune, y donde no dejan de poner zancadillas a cada proceso de liberación que se intenta por aquí o por allá, ¿no es válida toda forma de resistencia entonces?
Este pequeño escrito no pretende para nada ser un llamado a la lucha armada. Solamente intenta fomentar un debate por mucho tiempo silenciado: ¿cuáles son los caminos para conseguir un poco más de justicia?: ¿el juego de las instituciones democráticas dentro de la legalidad capitalista? , ¿la organización popular de base?, ¿las vanguardias armadas?, ¿una combinación de todo ello?, ¿rezar o prender velas para que las cosas cambien?
Sin dudas que las guerrillas en Latinoamérica no lograron grandes cambios, porque fuera de los dos países mencionados (y en uno de ellos, Nicaragua, por poco tiempo), toda la lucha de décadas pasadas no prosperó como muchos pensaban. ¿Dónde va Colombia con dos movimientos armados en lucha y más de 50 años de guerra interna? ¿Dónde va el zapatismo: qué logrará en el mediano y largo plazo? ¿Reaparecerán grupos armados en el corto plazo en América Latina? ¿Y dónde va Bolivia con el actual proceso con sus campesinos indígenas cada vez más organizados? Hugo Chávez, como militar del ejército venezolano, perseguía guerrilleros algunas décadas atrás; hoy habla de socialismo del siglo XXI y tiene algunos ex combatientes en su gabinete. ¿Para dónde va ese experimento?
Son todas preguntas para ampliar, no para cerrar el debate antes de comenzarlo. Quizá lo más dinámico hoy por hoy en la lucha por arrancarle al sistema mayores cuotas de justicia son los movimientos populares que han ido surgiendo estos últimos años, ese “pobretariado” -como lo llamó Frei Betto- que se va constituyendo en el principal fermento de protesta, en muchos casos sin mucha direccionalidad política, pero evidentemente con un gran potencial transformador.
Cerrados los espacios reales de transformació n económico-social como ha venido pasando en estos últimos años con los planes neoliberales, más allá de las democracias formales que se mantienen siempre bajo vigilancia (Honduras es la patética demostración de qué son esas “democracias”, siempre al borde de poder ser violadas), no es impensable que puedan reaparecer movimientos armados. Quizá como reacción desesperada, así como puede ser cada francotirador iraquí apostado en algún rincón de su país (si es que a eso se le podría llamar “reacción desesperada”) . Sin dudas que la diferencia de potencial bélico entre la derecha dominante y posibles grupos insurgentes de izquierda es enorme, mucho mayor hoy que hace algunas décadas cuando surgían las primeras guerrillas en el continente. Pero también es enorme el retroceso sufrido en el plano político, por lo que no sería nada impensable que aparezcan esas respuestas ¿desesperadas?
No estamos proponiéndolas; simplemente estamos diciendo que, ante la cerrazón de los mecanismos “democráticos” no parecen tan imposibles nuevas reacciones insurgentes. Ernesto Guevara fue el heroico guerrillero unos años atrás, en algún sentido casi reverenciado; hoy, ¿sería un loco soñador, un dinosaurio prehistórico? Sin dudas las cosas son de acuerdo a las circunstancias. En la década de los 60 del pasado siglo, con toda la ola libertaria que barría el mundo, con una Revolución Cultural impetuosa en China, con teorías de cambio dando vueltas por todos los espacios sociales, con cuestionamientos varios a los poderes constituidos, en esa marea de marea de cuestionamientos muchos vieron en la lucha armada una opción. Hoy el mundo es distinto. Entre hiper consumo de show futbolístico por televisión y fanáticas iglesias evangélicas que dan salida regulada al fabuloso descontento popular, la energía transformadora se ve bastante golpeada, manipulada, encajonada. ¿Qué permiten estas actuales democracias vigiladas, de baja intensidad? No mucho. ¿Todo cambio real necesita la movilización, la fuerza, la protesta subida de tono, tal como son estos “violentos” movimientos populares que barren el continente sin ser partidos políticos ni grupos organizados: movimientos indígenas, campesinos sin tierra, desocupados, jóvenes sin futuro, piqueteros, etc.? Sin dudas. Nos guste o no, la violencia sigue siendo la partera de la historia.
            En todo caso, todo este escrito es un simple comentario y no un llamado a la acción armada concreta. Más precisamente, es una invitación a debatir estos puntos: no sería imposible que los movimientos armados de izquierda reaparezcan, dadas las dinámicas políticas que se van dando en la región. Quizá eso sería entrar en un nuevo espiral de contra-violencia estatal, peor aún al sufrido años atrás, con ejércitos más represores que los que ya pasaron. Pero hay que entender la dinámica en juego; si ello sucediera es, como dijo el sub-comandante Marcos en Chiapas, porque “tomamos las armas para abrir paso a un mundo en el que ya no sean necesarios los ejércitos”.
            El debate está abierto.   

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¿Será posible el Sur?



04/10/2009

¿Será posible el Sur? será posible tanta bala perdida al corazón del pueblo, tanta madre metida en la palabra loca y toda la memoria en una cárcel ¿Será posible el Sur? será posible tanto invierno caído sobre el último rostro de mi hermano, tanto salario escaso riendo con descaro y en el plato vacío el verdugo esperando Mi territorio que una vez gira en la oscuridad de esa pregunta, de esa pregunta: ¿Será posible el Sur? ¿Será posible? si se viese al espejo ¿se reconocería?
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Còdigo Sur

01/10/2009 Código Sur, lunes a viernes de 6:00 a las 7:00pm (-4:30 GMT hora de Caracas) Transmitimos en Vivo por Rumba Stereo 94.7FM y lo socializamos vía podcast a través de nuestro blog. Para servirles, Yosmary

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